Cartografía urbana de Andalucía: Córdoba 1851

Publicado el 7.noviembre.2022 por IECA y archivado en Cartografía
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Tras la primera representación racionalizada de Córdoba, el llamado “Plano de los Franceses”, efectuada por el Barón de Karvinsky en 1811 bajo la dominación napoleónica, en 1851 el agrimensor José M.ª de Montis (1824-1888) dibuja, basándose en aquella, el plano de la ciudad a escala de “500 varas castellanas”, con un cuadro descriptivo del callejero, dividida la ciudad por parroquias.

Racionalizando la orientación con el norte hacia arriba —el de “los franceses” tenía el norte hacia abajo—, se observa que la situación urbana a la mitad del siglo XIX no extralimitaba el recinto amurallado histórico, devenido desde la época califal del siglo X. Tan solo expresa extramuros débiles asentamientos: el histórico Campo de la Verdad —barrio desde la Sacunda Romana— al otro lado del río; y los industriales del Matadero y de la cerámica (Tejares y Ollerías), al norte.

Córdoba 1851

Plano de Cordoba
Barón de Karvinsky, Joaquín Rillo, José M.ª de Montis y Fernández,
Pedro Nolasco Meléndrez. Madrid, Lit. Bachiller, 1851.
Litografía, 56 x 74 cm. Escala [ca. 1:5.000].
Instituto Geográfico Nacional, Madrid, 31-C-12
https://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/prodCartografia/cartoteca/galeria/cordoba1851.htm

La delicada representación gráfica de Montis —trabajada a base de rayado de líneas de distinta separación y orientación— resulta de una estudiada fidelidad a la realidad urbanística, pudiéndose comprobar con la actualidad en los sitios y calles no alterados. Representadas las manzanas de manera uniforme, una numeración en sus bordes nos remite a los elementos arquitectónicos más importantes, y aparecen nombrados los espacios urbanos de mayor relevancia.

La población de la ciudad no sobrepasaba los 45.000 habitantes y el reciclado del suelo tras la reciente desamortización va absorbiendo el lento proceso de crecimiento demográfico. La transformación de conventos y palacios en espacios urbanos o en casas de vecinos apenas se habría de notar en el entramado heredado del Medioevo islámico, tocado puntualmente en el Renacimiento y en el Barroco.

Plano apenas diferenciado del de 1811 —excepto por la mayor precisión en la definición gráfica—, todavía se distingue la Alcaicería junto a la Catedral, encontrándose la novedad más llamativa en la desaparición del convento de San Martín para tender un paseo arbolado que sería el origen del bulevar del Gran Capitán. También aparece la plaza de toros, conocida por “Coso de los Tejares”. El convento de la Merced ya es nombrado como Hospicio y su “campo” delantero se urbaniza. La desaparición del convento de la Victoria va a generar el paseo del mismo nombre. Un ordenado jardín se dibuja entre el Palacio Episcopal y el Campo Santo (de los Mártires). El Alcázar todavía es cárcel. Paseos arbolados acompañan a las principales vías de llegada a la ciudad. La azuda de Martos define un paso sobre el río y las de Culeb y San Rafael quedan evidentemente señaladas.

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