Andalucía, la imagen cartográfica: Novus atlas de Blaeu

Publicado el 12.julio.2018 por IECA y archivado en Cartografía
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Un mapa fundamental para la imagen cartográfica de Andalucía tanto por la riqueza de su representación como por señalarse entre los más difundidos sobre la región durante la Edad Moderna, gracias a su amplia tirada y a la multitud de versiones que lo tomaron de modelo. Su publicación se produjo en el contexto de la febril carrera que libraran en la primera mitad del siglo XVII los principales editores de cartografía de Ámsterdam, que por entonces detentaban la primacía, para hacerse con el lucrativo mercado europeo de los grandes atlas. Tras imprimir libros de navegación, volúmenes diversos de cartografía terrestre e infinidad de estampas sueltas, Willem Jansz. Blaeu presentó en 1634-1635 el Novus atlas, su “gran Libro de mapas”, con unos 200, muchos de ellos de nueva factura, proyectado en cuatro idiomas, iniciativa con la que pretendía actualizar este tipo de ediciones y desbancar a sus competidores.

Blaeu

Willem Jansz, Blaeu
Ámsterdam, 1634-1635 (ca. 1659)
Andalvzia continens Sevillam et Cordvbam
Grabado, 38×50 cm. Escala [ca. 1:1.150.000].
Koninklijke Bibliotheek (La Haya). 1049 B 12-009.

Entre las primicias de este atlas se hallaban dos mapas del área andaluza que en adelante se verían incorporados a más de una veintena de las ediciones dirigidas por W.J. Blaeu y su hijo Joan Blaeu hasta 1672. Destacan en particular las del Atlas maior, sive cosmographia Blaviana… de J. Blaeu publicado a partir de 1662, obra cumbre de la cartografía de la escuela holandesa y del periodo barroco, con unas 600 láminas de mapas y vistas de todo el mundo ordenadas en más de una decena de volúmenes.

La estampa, que encuadra la mayor parte de la superficie regional, desde la costa de Ayamonte a Berja, hasta las fronteras con Portugal, Extremadura y Castilla la Nueva por el interior, define Andalucía como el área centrada por el Guadalquivir, dividida en los reinos de Sevilla, Córdoba y Jaén. Así es en este ejemplar, una variante avanzada del mapa retocada probablemente para la edición en español del Atlas mayor que Joan Blaeu comenzó a editar hacia 1659, dado que en su estado inicial está ausente el deslinde del reino de Jaén. Apreciación que concuerda con el título de la lámina, en el que sólo se mencionan Sevilla y Córdoba, y los escudos que la adornan, de Sevilla, a la izquierda, y Córdoba, a la derecha.

Mediante los códigos del lenguaje cartográfico usuales en la Edad Moderna – relieves por montes de perfil, iconos jerarquizados para las poblaciones, signos para las sedes de obispados y academias…-, ofrece una visión geográfica donde las estructuras montañosas de Sierra Morena y las cadenas béticas adquieren presencia, los cursos fluviales se multiplican y se recoge un nutrido poblamiento. El mapa deja ver, sin embargo, que es un trabajo de gabinete, un hábil compendio recopilatorio de obras como el mapa de Jerónimo de Chaves publicado por Ortelius o las cartas de W. Barents, junto con alguna aportación más novedosa y menos conocida de producción local, como la que debió emplearse para detallar el sector de Jaén.

Reino de Granada. Blaeu

Willem Jansz, Blaeu
Ámsterdam, 1634-1635 (ca. 1659)
Granata, et Mvrcia regna
Grabado, 38×50 cm. Escala [ca. 1:1.230.000]
Koninklijke Bibliotheek (La Haya). 1049 B 12-011.

Precedido por la aparición de varias imágenes parciales y reducciones en miniatura, en 1634-1635 surge ya un mapa grabado de apreciable tamaño centrado en el reino de Granada, en el que figura todo su territorio. Junto con la otra imagen pareja de Andalucía de Blaeu, completa la representación del ámbito andaluz en los incontables atlas, colecciones cartográficas y catálogos de estampas que salieron de los talleres de esta importante casa editorial hasta 1672, cuando el voraz incendio que destruyó sus dependencias y el fallecimiento, al siguiente año, de Joan Blaeu precipitaron su liquidación. Este mapa también se convertiría en arquetipo de una larga serie de copias y versiones en diferentes formatos producidas por otros editores hasta el siglo XVIII.

Como el de Andalucía, en sus contenidos se compaginan trazados y datos tomados de fuentes diversas, como los mapas de España y Andalucía de Ortelius, Barents y Hondius, con correcciones y añadiduras. Así se percibe respecto al relieve, que cobra protagonismo hasta caracterizar el conjunto del ámbito granadino, si bien sea más un apunte que una construcción precisa, dadas las deficiencias en los levantamientos de la orografía, no superadas hasta el siglo XIX, y las insalvables limitaciones de este tipo de representaciones figurativas. Los macizos de Sierra Nevada, las sierras de Ronda o las cordilleras costeras se definen de modo resuelto, frente a las vegas y hoyas interiores, como las de Granada y Guadix, los valles fluviales y las campiñas que se extienden hacia el Guadalquivir. El contorno costero muestra avances al corregir su orientación y rehacer el sector entre Motril y Cabo de Gata suavizando la distorsión que presenta en otros mapas. Igual sucede en relación con los asentamientos y la toponimia, que deparan un repertorio algo más amplio en las áreas orientales, manteniendo aún, no obstante, el arcaico recurso de designar algunos lugares con sus nombres antiguo y moderno.

La demarcación de reinos, dubitativa, sigue los estereotipos; la superficie del área occidental del reino de Granada se comprime, se observan errores repetidos como la inclusión de Alcalá la Real y Cambil y la exclusión de Huéscar, y en algunos tramos, como la comarca de Antequera, se marcan los límites de obispado en lugar de los de reino. Prueba de la precaria y confusa noción territorial que se tenía de estas unidades, circunstancia reafirmada por la ausencia de una divisoria entre Córdoba y Jaén.

La estampa, por otro lado, al igual que la equivalente de Andalucía, refleja la maestría de las producciones neerlandesas del XVII, fruto de la labor de taller de una sucesión de especialistas: un dibujo de aquilatada composición, grabado con delicadeza y terminación propias de los calcógrafos de los Países Bajos, rematado con una iluminación exquisita que se atribuye a Dirck Jansz van Santen, considerado el mejor de su gremio, de quien se decía que, más que darles color, “pintaba” los mapas.

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