Coello destaca en su cartografía la principal razón de ser de Calahonda, su condición de puerto natural. A diferencia de otros núcleos urbanos más complejos, aquí el plano se centra en la línea de costa y el abrigo que ofrece la punta de la ensenada. Es una de las pocas zonas del litoral granadino donde los buques de gran calado podían acercarse a la costa, lo que la convertía en la salida marítima lógica para los productos de la zona de Motril y los llanos de Carchuna.
El plano muestra una escasa trama urbana, rodeada de un terreno abrupto y menos fértil que las vegas de Motril o Salobreña, lo que enfatiza su carácter meramente funcional y portuario.
En 1855, Calahonda no se presentaba como una ciudad consolidada, sino como un puesto estratégico de vigilancia.
El plano identifica los puntos de vigilancia costera necesarios, como la Torre del Farillo, para proteger el fondeadero de incursiones piráticas, una constante en la historia del litoral de Granada hasta bien entrado el siglo XIX.
Se rotulan de manera sencilla las edificaciones destinadas al almacenamiento y el control de aduanas, infraestructuras mínimas pero vitales para el tráfico de cabotaje que Madoz menciona en su Diccionario.
Integrado en la hoja de Granada, el plano de Calahonda justifica su inclusión por su relación de dependencia con los grandes núcleos productores. El plano marca el camino que une este puerto con Motril, evidenciando que Calahonda funcionaba como el "brazo marítimo" de la industria azucarera motrileña cuando las condiciones en el puerto de Motril (más expuesto) eran desfavorables. Aparece como un hito de paso en la ruta costera hacia Almería, lo que le otorgaba un valor logístico para el correo y el movimiento de tropas descrito en los textos de la época.
La representación urbana es mínima en comparación con las grandes villas de la provincia. Se observa un núcleo pequeño de edificaciones situadas estratégicamente cerca de la orilla, diseñadas para dar servicio a los marineros y comerciantes, más que para un asentamiento poblacional denso.
El plano de Calahonda de 1855 es la representación de un enclave táctico. Francisco Coello no dibuja aquí una ciudad señorial, sino un recurso geográfico esencial para la economía de la provincia de Granada. Su valor histórico reside en testimoniar cómo este pequeño puerto natural era la válvula de escape necesaria para el comercio del azúcar y la vigilancia costera en el mapa de España del siglo XIX.