Cazorla es representada como el paradigma de la ciudad serrana, donde el urbanismo se rinde ante la potencia del relieve. Coello utiliza curvas de configuración para representar las abruptas vertientes de la Sierra de Cazorla que abrazan la población. Este método permite visualizar con precisión el encajonamiento de la ciudad y la altitud de los cerros circundantes, como los de Salvatierra y Peña de los Halcones.
El plano detalla cómo el cauce del río Cerezuelo atraviesa el núcleo urbano, condicionando la disposición de las calles y obligando a soluciones arquitectónicas singulares (como la bóveda sobre la que se asienta la iglesia de Santa María).
La trama urbana refleja una población consolidada bajo una estructura defensiva y religiosa de origen medieval. El plano utiliza una leyenda numerada para identificar los edificios que articulaban la vida de la época. Destacan el Castillo de la Yedra (1), que corona la población como símbolo de su importancia estratégica histórica, y las ruinas de la Iglesia de Santa María (2).
Se señalan iglesias como la de San José (3) y el Ayuntamiento, certificando su estatus como cabeza de partido judicial y centro administrativo de una de las comarcas más extensas de la provincia de Jaén.
Este plano no aparece de forma aislada, sino dentro de una composición cartográfica compleja y rica en información.
El plano de Cazorla se encuentra flanqueado por los planos de población de Huelma y Quesada, otras dos villas de gran relevancia histórica en la frontera oriental de Jaén.
El grabado se acompaña de densas columnas de texto que contienen datos geográficos, históricos y estadísticos de la provincia de Jaén, sintetizando el trabajo de Madoz sobre la producción agrícola (aceite y madera), el clima y la demografía de la zona.
En la misma hoja de suplemento, el lector encuentra textos y planos pertenecientes a las provincias de Granada, Córdoba y Sevilla, lo que convierte a este documento en un compendio esencial de la geografía urbana del sur de España.
El plano de Coello documenta visualmente la herencia del antiguo Adelantamiento de Cazorla. La disposición de sus barrios (el Castillo, la Villa y el Arrabal) y la presencia de fuentes y molinos aprovechando la pendiente, reflejan una ciudad que en el siglo XIX mantenía su importancia como centro de explotación forestal y ganadera, a la vez que se organizaba administrativamente bajo los cánones del Estado Liberal.
El plano de Cazorla es una obra maestra de la micro-cartografía serrana. Gracias al rigor de Francisco Coello, hoy podemos observar cómo esta ciudad de Jaén equilibraba su imponente entorno natural con una estructura urbana compleja, quedando fijada para la posteridad como una pieza clave en el gran puzle geográfico que supuso el Atlas de España. Orografía por curvas de configuración Acompañado de texto con datos geográficos, históricos y estadísticos de la provincia de Jaen, y planos de Huelma y Quesada En la misma hoja, texto y planos pertenecientes a las provincias de Granada, Córdoba y Sevilla