El objetivo del proyecto era la reutilización de la piedra de las murallas andalusíes para construir un nuevo cuartel y otros edificios militares en el recinto.
El diseño integra tres elementos clave para la ingeniería: un plano (planta), una vista (alzado o perspectiva) y un perfil (sección de las murallas y el terreno).
Utiliza una escala gráfica de 50 varas (equivalentes a 14,9 cm en el papel), unidad de medida longitudinal previa a la implantación del sistema métrico.
La aplicación de colores no es decorativa, sino técnica, el carmín indica las obras de nueva planta proyectadas (edificios militares); el amarillo suele representar las partes que deben ser demolidas o modificadas; el verde y sepia son utilizados para la vegetación de las laderas del monte Gibralfaro y los desniveles del terreno.
El plano refleja con gran "fiabilidad" el recinto amurallado, los baluartes y la comunicación con el castillo de Gibralfaro a través de la Coracha.
Se observa la posición de la fortaleza dominando el puerto y la ciudad consolidada. La descripción de Coello permite ver cómo la Alcazaba estaba en ese momento físicamente conectada al tejido urbano de Málaga, antes de los derribos del siglo XIX que buscaron aislar el monumento.
El plano ubica estratégicamente el nuevo Cuartel de Infantería y las dependencias para la oficialidad. La nota histórica es relevante: Coello propone el derribo de lienzos de muralla antigua para economizar costes de material. Este hecho refleja la mentalidad de la época, donde el valor de uso militar prevalecía sobre el valor de conservación arqueológica.
Este plano de 1837 no es solo un plan de obra, sino la radiografía de una transición, que documenta el momento en que la Alcazaba de Málaga deja de ser una reliquia del pasado nazarí para intentar convertirse en un centro logístico del ejército de la época. La maestría de Coello al combinar plano, vista y perfil convierte este documento en el testimonio más fiel de la fisonomía de la fortaleza en el primer tercio del siglo XIX.