La ciudad se representa en una vista panorámica elevada, desplegada horizontalmente. Wyngaerde opta por una mirada amplia desde las afueras, donde pueden verse con claridad los límites urbanos, las murallas, elementos religiosos, y el entorno montañoso circundante.
En el primer plano aparecen zonas de cultivo, caminos y vegetación dispersa, lo que denota el carácter agrícola inmediato a las puertas de la ciudad.
El trazado urbano está recogido dentro de un perímetro murado, de forma irregular y adaptado al relieve. Las construcciones se agrupan de forma densa, especialmente hacia el núcleo central.
En la parte más elevada de la ciudad se distingue el Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo, fortificación que aparece claramente separada del núcleo construido, sobre una colina. Se trata del punto más dominante del perfil urbano en la imagen.
El relieve circundante está compuesto por lomas y cerros suaves, que enmarcan la ciudad y le aportan profundidad visual, especialmente hacia el fondo.
La escena va acompañada de una leyenda numerada, situada en la parte inferior izquierda, con 14 entradas identificadas del 1 al 14. Cada número se corresponde con un punto en el dibujo, marcado también con cifras manuscritas junto a los edificios. Un dibujante en primer término, probablemente el artista, instalado en el punto desde donde tomaba la vista