Mapa

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Nº Control IECA1988016305
Lugar geográfico Andalucía

Mención del título Mapa de Andalucia con las nuevas divisiones  .  / Formado por A. H. Dufour Geógrafo.

Periodo cronológico 1837

Datos matemáticos Escala [ca. 1:550.000]. Escala gráfica de 5 Myriametros 10 por un grado decimal de 11937 Varas Castellanas ó 11.m/1000 al Grado [= 9,1 cm] .  Márgenes graduados

Descripción física 1 mapa  : grab., col., papel  64 x 90 cm

Notas generales El mapa de Andalucía realizado por el geógrafo francés Auguste-Henri Dufour constituye una de las representaciones cartográficas más rigurosas, modernas y completas del conjunto regional andaluz en el siglo XIX. Forma parte de su obra Atlas general de España (París, Bulla?, 1838?), concretamente la Plancha 10ª del Atlas Nacional de España, dentro de la serie de doce mapas regionales que componían dicha colección. El ejemplar conservado en la Real Academia de la Historia presenta unas dimensiones de 67 x 92 cm y está coloreado a mano.

Desde el punto de vista técnico, el mapa ofrece una escala gráfica expresada de manera múltiple y comparativa: 8 Leguas Geográficas de España (equivalentes a 7.572 varas castellanas o 17½ al grado), 12 Leguas Legales de España (5.000 varas castellanas o 26½ al grado) y 8 Leguas de Aragón (7.361 varas castellanas o 18 al grado). El meridiano de origen es el de París, situándose la representación entre los 9°41' y 4°08' de longitud oeste y entre los 38°53' y 35°42' de latitud norte. Incorpora una red geográfica trazada de grado en grado, lo que revela una clara voluntad de precisión matemática en su construcción.

La representación del relieve se realiza mediante el sistema de normales y sombreado, procedimiento que, aunque minucioso, responde todavía a concepciones heredadas de la tradición ilustrada francesa, particularmente a las formulaciones del geógrafo Philippe Buache, quien entendía las montañas como alineaciones continuas que actuaban como divisorias de la red hidrográfica. El trazado de los cursos fluviales es exhaustivo, al igual que el de los accidentes costeros, los límites administrativos, los núcleos urbanos, los asentamientos menores y la red de comunicaciones terrestres.

El mapa distingue mediante color los límites de las provincias y de los distritos o partidos judiciales en que estas se dividen. Incluye una tabla sistemática de signos convencionales que clasifica jerárquicamente los elementos representados: capitales, ciudades, villas y aldeas; sedes de arzobispado, obispado y abadía; conventos; fortalezas y castillos; lugares donde se desarrollaron batallas; casas de postas; calzadas reales, caminos carreteros y caminos secundarios; así como los límites provinciales y distritales. Junto a los caminos se consignan además las distancias expresadas en leguas españolas de 17½ al grado entre los sucesivos núcleos de población conectados por las vías, lo que aporta un notable valor práctico al documento.

La obra presenta asimismo un amplio cuerpo de notas descriptivas, históricas y estadísticas. Incluye una relación de las provincias con indicación de su clase y capital, una leyenda explicativa sobre la geografía y la historia de la región —que aborda aspectos como situación, sistemas montañosos, ríos, flora, fauna e industria— y referencias particulares a las capitales provinciales. Incorpora igualmente una nota específica dedicada a las minas de plomo de la sierra de Gádor (Almería), testimonio del interés por los recursos económicos y la actividad industrial de la región.

El mapa del geógrafo francés A. H. Dufour es una representación de relativa modernidad desde el punto de vista técnico y geográfico, pues incorpora a una escala de cierto detalle las cuantiosas aportaciones realizadas por la cartografía francesa sobre el sur de la Península desde la Guerra de la Independencia.

Apoyada en las iniciativas que desde fines del siglo XVIII pretendían implantar una organización territorial más armónica y racional bajo criterios de superficie, población, condiciones naturales y raíces históricas, y, en especial, en la promulgada en el Trienio liberal, en noviembre de 1833 el ministro granadino Javier de Burgos decretó la división en 49 provincias que sentaría las bases de la renovación del orden político-administrativo y los otros esquemas (judicial, militar, marítimo...) del país. Tras la publicación en 1834 y 1836 de los mapas de España de Pedro Martín de López con la nueva división, Dufour fue el primero en reflejarla a nivel regional y con los partidos judiciales delimitados en 1834, al completar en 1837 la serie de 12 mapas de su "Atlas Nacional de España". Su décima plancha se hace eco puntualmente del artículo del decreto de 1833 que rezaba "La Andalucia, que comprende los reinos de Córdoba, Granada, Jaen y Sevilla, se divide en las ocho provincias siguientes: Córdoba, Jaen, Granada, Almería, Málaga, Sevilla, Cádiz y Huelva...", mostrando las demarcaciones actualizadas bajo el título conjunto de la región, pero sin prescindir de las referencias a los antiguos reinos, cuyos epígrafes encabezan las notas descriptivas de la lámina.

Junto a la persistencia en buena medida de los límites históricos de los reinos, la división introdujo, como cambios más profundos en el ámbito andaluz, la segregación de las enormes superficies de los de Sevilla y Granada en tres provincias cada uno y alteraciones territoriales respecto a otras regiones como la cesión a Badajoz del área de Fregenal, antes de Sevilla, la anexión a esta provincia de Guadalcanal, otrora municipio extremeño, el paso a Ciudad Real de Chillón, antes de Córdoba, y la significativa incorporación de la comarca de Segura a Jaén. Asimismo conllevó rectificaciones en el interior de la región, como los trasvases de la comarca de Antequera, antes de Sevilla, a Málaga y de la sierra de Grazalema, antaño del reino granadino, a la provincia de Cádiz. Un novedoso panorama que el mapa de Dufour recoge de manera acertada, aun con errores de detalle, como la inclusión de Bodonal y Monesterio en Huelva, de Trasierra y Puebla del Conde en Sevilla, de Peñalsordo y Capilla en Córdoba y de Albaladejo en Jaén, o la exclusión de esta provincia de Santiago de la Espada, Pontones y sus anejos.

El mapa del prolífico cartógrafo y geógrafo A. H. Dufour es una de las obras más concienzudas y cuidadas de la cartografía antigua de Andalucía, y sin duda la mejor y más completa representación del conjunto de la región del siglo XIX. Encuadrado por un sobrio marco de líneas, ostenta un título de rotulación decorativa adornado por trazos caligráficos que ejemplifica la definitiva sustitución de las antiguas cartelas por las fórmulas tipográficas que se impusieron en los mapas y cartas de la centuria decimonónica. La precisión de sus contornos y del posicionamiento de sus elementos es bastante ajustada, según demuestra J. Cortés en el análisis que le dedica en este mismo volumen, con desviaciones ostensibles tan sólo en los límites septentrionales de la región y, sobre todo, en las áreas del nordeste. Su construcción debe remitirse, además de a las cartas de Tofiño y otras fuentes básicas más lejanas, a los mapas peninsulares de Guilleminot, A. Donnet y, en definitiva, al fondo de datos aportado por los servicios topográficos del ejército francés y a las reelaboraciones de los cartógrafos galos desde la Guerra de la Independencia en adelante.

La representación de los relieves, mediante normales y sombreado, aunque concienzuda, resulta algo arcaica, ateniéndose a las nociones del geógrafo Philippe Buache de figurar como alineaciones divisorias de la red fluvial, a modo de cadenas continuas. Muy exhaustivo es también el trazado de los cursos de agua, al igual que el de los límites administrativos, accidentes costeros, núcleos urbanos, asentamientos de diverso tipo, vías de comunicaciones terrestres y toponimia. La sistemática y jerarquizada ordenación de sus contenidos se hace patente en su tabla de signos convencionales, que recuerda al repertorio normalizado a principios del XIX para la cartografía militar francesa, con distinción de capitales, ciudades, villas, aldeas, fortalezas, castillos, sedes de arzobispado, obispado y abadía, conventos, calzadas reales, caminos, caminos carreteros, caminos de comunicación o secundarios, casas de postas, escenarios de batallas y combates, y límites de provincias y de distritos o partidos judiciales; asimismo, junto a los caminos se consignan las cifras de distancias en leguas españolas entre las sucesivas etapas. Un prolijo cuerpo de notas descriptivas, históricas y estadísticas sirve de complemento a la imagen cartográfica.

Un mapa, por tanto, digno de especial atención, que tuvo además una amplia circulación y ejerció una notable influencia sobre la cartografía de Andalucía de las décadas centrales del XIX. La primera edición se estampó con la fecha de 1837 y el sello de la casa parisina Bulla, distribuyéndose suelto y formando parte de la colección de 12 mapas de regiones españolas del "Atlas Nacional de España" de A. H. Dufour, quien en 1838 publicó un "Mapa general de caminos de España y de Portugal con las nuevas divisiones de provincias" que, según expresaba su título, servía "de continuación al Atlas Nacional de España". El mapa de Andalucía volvería a imprimirse sin alteraciones con la fecha de 1843, y de nuevo en 1845 con el pie de imprenta de Bulla y Jouy, incorporándose a la nueva edición del "Atlas..." de Dufour de 1845-1849. Se encuentran igualmente otras copias del mapa sin fechar y la referencia de Bulla y Jouy que deben corresponder a tiradas de las décadas de 1840 y de los primeros años de la de 1850. Otra serie de ejemplares sin fechar de este mapa muestran a su vez la acreditación editorial de L. Turgis Jeune, con sedes en París y Nueva York, a cuyo catálogo editorial pasaron las láminas del atlas de España de Dufour, y, en ocasiones, el sello adhesivado de Magasin de Cartes Geographiques de Lanèe Seur. de Longuet, Graveur-Editeur, ejemplares, quizás los más abundantes y tardíos, en los que se aprecian significativas modificaciones de contenido: a la estampa original se le superponen tendidos ferroviarios, cuya clave se ha añadido también a la tabla de signos convencionales, y se han aplicado fondos de color litografiado a las áreas provinciales, al tiempo que las líneas e inscripciones de la lámina primitiva acusan un evidente desgaste en su estampación. Por el desarrollo de la red de ferrocarril, esta edición podría datarse hacia 1870 -en el comercio suele adjudicársele la fecha de 1874-, quedando constancia de que tanto el mapa de Andalucía como los de las otras regiones españolas de Dufour todavía se anunciaban en el catálogo de publicaciones de 1893 de la casa editorial de los sucesores de Turgis.

La publicación de Barcelona "El Guardia Nacional" editó en 1837 como regalo para sus suscriptores una copia reducida y mucho más tosca de este mapa de Andalucía, sin acreditar su autoría, versión de la que no ha sido posible localizar ejemplares. Por otra parte, el mapa de Dufour fue repetidamente copiado también en las primeras colecciones de mapas impresos de las provincias andaluzas, y españolas, de nuevo sin hacerse mención del autor, sino más bien al contrario, editadas por R. Alabern y E. Mabón en 1846-1847 y en 1853 y por D. Bachiller en 1849-1851, así como por otros mapas provinciales posteriores, como los de J. Cotarelo y G. Pfeiffer, entre otros.

Materia Divisiones político-administrativas / Mapas generales
Autor Dufour, Auguste Henri , Geógrafo
Archivo o institución depositaria Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (Sevilla)

Términos que rigen el uso y la reproducción Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0)

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Desde el punto de vista técnico, el mapa ofrece una escala gráfica expresada de manera múltiple y comparativa: 8 Leguas Geográficas de España (equivalentes a 7.572 varas castellanas o 17½ al grado), 12 Leguas Legales de España (5.000 varas castellanas o 26½ al grado) y 8 Leguas de Aragón (7.361 varas castellanas o 18 al grado). El meridiano de origen es el de París, situándose la representación entre los 9°41' y 4°08' de longitud oeste y entre los 38°53' y 35°42' de latitud norte. Incorpora una red geográfica trazada de grado en grado, lo que revela una clara voluntad de precisión matemática en su construcción.

La representación del relieve se realiza mediante el sistema de normales y sombreado, procedimiento que, aunque minucioso, responde todavía a concepciones heredadas de la tradición ilustrada francesa, particularmente a las formulaciones del geógrafo Philippe Buache, quien entendía las montañas como alineaciones continuas que actuaban como divisorias de la red hidrográfica. El trazado de los cursos fluviales es exhaustivo, al igual que el de los accidentes costeros, los límites administrativos, los núcleos urbanos, los asentamientos menores y la red de comunicaciones terrestres.

El mapa distingue mediante color los límites de las provincias y de los distritos o partidos judiciales en que estas se dividen. Incluye una tabla sistemática de signos convencionales que clasifica jerárquicamente los elementos representados: capitales, ciudades, villas y aldeas; sedes de arzobispado, obispado y abadía; conventos; fortalezas y castillos; lugares donde se desarrollaron batallas; casas de postas; calzadas reales, caminos carreteros y caminos secundarios; así como los límites provinciales y distritales. Junto a los caminos se consignan además las distancias expresadas en leguas españolas de 17½ al grado entre los sucesivos núcleos de población conectados por las vías, lo que aporta un notable valor práctico al documento.

La obra presenta asimismo un amplio cuerpo de notas descriptivas, históricas y estadísticas. Incluye una relación de las provincias con indicación de su clase y capital, una leyenda explicativa sobre la geografía y la historia de la región —que aborda aspectos como situación, sistemas montañosos, ríos, flora, fauna e industria— y referencias particulares a las capitales provinciales. Incorpora igualmente una nota específica dedicada a las minas de plomo de la sierra de Gádor (Almería), testimonio del interés por los recursos económicos y la actividad industrial de la región.
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Apoyada en las iniciativas que desde fines del siglo XVIII pretendían implantar una organización territorial más armónica y racional bajo criterios de superficie, población, condiciones naturales y raíces históricas, y, en especial, en la promulgada en el Trienio liberal, en noviembre de 1833 el ministro granadino Javier de Burgos decretó la división en 49 provincias que sentaría las bases de la renovación del orden político-administrativo y los otros esquemas (judicial, militar, marítimo...) del país. Tras la publicación en 1834 y 1836 de los mapas de España de Pedro Martín de López con la nueva división, Dufour fue el primero en reflejarla a nivel regional y con los partidos judiciales delimitados en 1834, al completar en 1837 la serie de 12 mapas de su "Atlas Nacional de España". Su décima plancha se hace eco puntualmente del artículo del decreto de 1833 que rezaba "La Andalucia, que comprende los reinos de Córdoba, Granada, Jaen y Sevilla, se divide en las ocho provincias siguientes: Córdoba, Jaen, Granada, Almería, Málaga, Sevilla, Cádiz y Huelva...", mostrando las demarcaciones actualizadas bajo el título conjunto de la región, pero sin prescindir de las referencias a los antiguos reinos, cuyos epígrafes encabezan las notas descriptivas de la lámina.
500 ## $aJunto a la persistencia en buena medida de los límites históricos de los reinos, la división introdujo, como cambios más profundos en el ámbito andaluz, la segregación de las enormes superficies de los de Sevilla y Granada en tres provincias cada uno y alteraciones territoriales respecto a otras regiones como la cesión a Badajoz del área de Fregenal, antes de Sevilla, la anexión a esta provincia de Guadalcanal, otrora municipio extremeño, el paso a Ciudad Real de Chillón, antes de Córdoba, y la significativa incorporación de la comarca de Segura a Jaén. Asimismo conllevó rectificaciones en el interior de la región, como los trasvases de la comarca de Antequera, antes de Sevilla, a Málaga y de la sierra de Grazalema, antaño del reino granadino, a la provincia de Cádiz. Un novedoso panorama que el mapa de Dufour recoge de manera acertada, aun con errores de detalle, como la inclusión de Bodonal y Monesterio en Huelva, de Trasierra y Puebla del Conde en Sevilla, de Peñalsordo y Capilla en Córdoba y de Albaladejo en Jaén, o la exclusión de esta provincia de Santiago de la Espada, Pontones y sus anejos.
500 ## $aEl mapa del prolífico cartógrafo y geógrafo A. H. Dufour es una de las obras más concienzudas y cuidadas de la cartografía antigua de Andalucía, y sin duda la mejor y más completa representación del conjunto de la región del siglo XIX. Encuadrado por un sobrio marco de líneas, ostenta un título de rotulación decorativa adornado por trazos caligráficos que ejemplifica la definitiva sustitución de las antiguas cartelas por las fórmulas tipográficas que se impusieron en los mapas y cartas de la centuria decimonónica. La precisión de sus contornos y del posicionamiento de sus elementos es bastante ajustada, según demuestra J. Cortés en el análisis que le dedica en este mismo volumen, con desviaciones ostensibles tan sólo en los límites septentrionales de la región y, sobre todo, en las áreas del nordeste. Su construcción debe remitirse, además de a las cartas de Tofiño y otras fuentes básicas más lejanas, a los mapas peninsulares de Guilleminot, A. Donnet y, en definitiva, al fondo de datos aportado por los servicios topográficos del ejército francés y a las reelaboraciones de los cartógrafos galos desde la Guerra de la Independencia en adelante.
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Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (Sevilla)